Sobre el autor de las grabaciones

Sobre el autor de las grabaciones — Akito Haga

El bosque de los pájaros pequeños

Soy agricultor en las montañas de Gifu, en el centro de Japón.

Sandía, calabaza, cacahuetes, patatas, nābēra (esponja vegetal de Okinawa), judías verdes. Pomelo buntan, limón, Mizuki (una variedad nueva de pomelo), dekopon, Kitaro (un caqui), kiwi, higos. Ahora mismo estoy montando una finca donde la gente pueda venir a recoger higos.

Hace unos diez años me encontré con un bosque lleno de cantos de pájaros. Empecé a llamarlo el bosque de los pájaros pequeños, y volví una y otra vez, solo para escuchar.

Sus voces me llenan, con solo oírlas. En primavera, los pájaros pequeños cantan. Me han dicho que el canto es la voz de un pájaro que busca pareja, o que está pasando un buen rato con ella. No sé si será cierto. Pero escuchando con eso en la cabeza, me sorprendo preguntándome qué estarán diciendo ahora mismo, y eso me anima.

Escuchando esas voces hermosas, hasta siento como si el cuerpo se me aliviara y se me despejara el desorden de la cabeza.

Un lugar junto a un estanque en Gifu donde se reúnen los pájaros pequeños
Un lugar favorito para los pájaros pequeños, junto al estanque

Quería las voces de verdad, en casa

El canto de los pájaros contiene frecuencias altas que el oído humano no puede oír. Enterarme de eso fue lo que me metió de lleno.

Vi en la televisión que ese rango tendría algún poder misterioso. Cuando me puse a mirarlo, sí parecía haber investigaciones que decían tales cosas. Pero permítaseme escribirlo con claridad: entre los especialistas hay opiniones divididas y no puede darse por zanjado. Algunos intentos de reproducir esos hallazgos no salieron adelante. Así que no tengo ninguna intención de afirmar que produzca efecto alguno.

Aun así, quería traerme aquel bosque a casa: con su aire y todo, incluidos los sonidos que no puedo oír.

Un móvil no puede grabar esas frecuencias altas, así que me hice con un equipo que sí puede. Después descubrí que los altavoces corrientes tampoco pueden reproducirlas, y compré unos que sí. Si lo grabas en un CD, las frecuencias altas se cortan. Si haces un MP3, también se cortan. Todo esto lo fui aprendiendo poco a poco.

Encontré un formato de archivo que conserva las frecuencias altas, y un programa capaz de reproducirlo, y lo puse por aquellos altavoces. Y por fin pude escuchar, en casa, algo cercano a las voces de verdad de los pájaros.

A partir de ahí, quise grabar mucho más.

El tiempo que se pasa esperando en el monte

Me hice una caja de madera para grabar, con la grabadora encajada dentro. De vez en cuando vienen animales y toquetean la caja, y esas noches la grabación entera es un crujido.

Gifu tiene muchísimas montañas. Takayama, Gujō, Sekigahara; y más cerca de casa, Mitahora y el estanque de Matsuo. Cuando subo al monte, lo primero que hago es dejar puesta la grabadora. La recojo al día siguiente, o al otro, y me vuelvo a casa. Oír qué pájaros aparecieron en ella es la mejor parte del viaje.

Otros días la llevo en la mano. Recorro la montaña buscando una voz que merezca la pena. Cuando la encuentro empiezo a grabar y me quedo ahí, completamente quieto, diez minutos o más. Si me muevo, mis propios pasos entran en la grabación, así que no puedo moverme nada.

Pero quedarse quieto así, escuchando a los pájaros, es el mejor rato que conozco. Pierdo por completo la noción. Sigo andando y me doy cuenta de que he llegado a la cima, donde casi no hay pájaros. Bajar un sendero de montaña a oscuras es cosa de todos los días.

Hasta hoy he grabado más de cien veces.

Puesta de sol vista desde un mirador de montaña
Puesta de sol desde el mirador

Pájaros que quiero

Mi favorito es el picogordo japonés — ikaru.

«Pipii popyuuii», canta, con dulzura. Su voz llega lejos, pero cuesta encontrarlo. A veces lo que oyes es su canto rebotado en la montaña de enfrente; a veces está llamando desde muy lejos.

Y otro más: el roquero solitario — isohiyodori.

«Piiruurii popiiri pipi, jijitt». Una forma de cantar verdaderamente hermosa. Era un pájaro de costa, y se ha ido extendiendo tierra adentro hasta las ciudades, donde canta desde los tejados y las antenas. Por eso es tan difícil grabarlo en un sitio tranquilo.

Durante mucho tiempo creí que este pájaro era un papamoscas azul y blanco — oruri. Me di cuenta de mi error al volver a mirar mis propias fotografías. El papamoscas azul y blanco de verdad vive en los bosques que siguen los arroyos de montaña. Todavía no he grabado ninguno.

Hay pájaros un poco sosos, demasiado monótonos. Pero salvo el cuervo, quiero la voz de todos. (Un cuervo no es un pájaro pequeño, claro está.)

Por qué un despertador

Empezó con un investigador del sueño al que vi hablando en la televisión.

Había un niño al que las mañanas se le hacían muy cuesta arriba: no se levantaba nunca, y cuando lo hacía estaba de un humor pésimo. Su madre, desesperada, probó lo que el investigador contaba.

A la mañana siguiente, a la hora fijada, el chico se levantó mucho antes de lo habitual y apareció de buen humor, imitando a un pájaro: «piiyo, piiyo». Su madre se quedó atónita y no entendía nada.

Ese es exactamente el mecanismo de Despertador Pájaro Cantor. O mejor dicho: esta app es eso, copiado tal cual.

Cuando el sueño es profundo, es mejor no despertar a nadie. Que te saquen de ahí a golpe de ruido sienta mal; y a un niño, todavía peor. Así que hacía falta un sonido tan bajo que no te despierte del sueño profundo, pero que no puedas pasar por alto en cuanto tu sueño se vuelva ligero. Y un sonido que no sea de máquina, sino algo tan hermoso como un pájaro.

A mí tampoco se me da bien levantarme. Hay días en que tengo que estar en pie antes del amanecer para un reparto. Así que me preparé una pista que empezaba bajita e iba creciendo despacio, y la puse como alarma del móvil. De verdad que despierta a gusto.

Pero era la misma pista todas las mañanas. Primero entra este pájaro, luego este otro canta así: me lo aprendí entero de memoria. Y entonces deja de funcionar.

Por suerte, tengo muchísimas grabaciones. Incluso dentro de una misma especie, el canto es completamente distinto de un pájaro a otro; y hasta un mismo pájaro canta de muchas maneras. Algo querrán decir, me imagino.

Quiero que esas voces cambiantes te despierten, en un orden distinto cada mañana.

Esa fue mi ilusión durante años. El trabajo del campo siempre iba primero y nunca me ponía, pero por fin está hecho.

Lo que viene

La versión gratuita reproduce tres sonidos de bosque al azar. Escúchalos cada mañana y, al cabo de unos meses, puede que te canses de ellos.

Cuando llegue ese día, date el gusto de la versión de pago. Incontables voces hermosas, con una cara distinta cada mañana.

Desde las montañas de Gifu — Akito Haga

La pantalla de Despertador Pájaro Cantor al amanecer
La pantalla de Despertador Pájaro Cantor al amanecer

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